jueves, 1 de junio de 2006

LA JOVEN GUARDIA
NUEVA NARRATIVA ARGENTINA
Editorial Norma


LITERATURA Y DESPUÉS

Durante las décadas pasadas, para ser escritor joven debías –además de escribir- tener entre 35 y 55 años. Al principio de ésta nos comenzamos a quejar unos cuantos literatos, algunos de los cuales venían trabajando hace rato. Tenían cara de francotiradores (es decir, de no subvencionados), pero al margen de la disgregación y la variedad de estilos, algo tenía que unir. Por fin fueron antologados veinte de ellos, de la mano de Maximiliano Tomas en el libro publicado por Editorial Norma, “La Joven Guardia” , (acotación: triste título con reminiscencias milicas).

Si ser joven consistía en tener 50 años durante los noventa, creo yo, es porque esa generación no pudo ser joven cuando transcurrió la década de la dictadura. Recién en democracia pudieron hacerse oír. Frente al peso de esta pesadilla, los escritores nacidos en la década del 70 tuvieron que hacer barullo tras barullo hasta que, finalmente, se les diera bolilla al momento de renovar a una generación joven conservada en naftalina por otra, que esta vez no contaría con el apoyo del mercado editorial.

Aunque hay narradores aquí que parecen imitar a Borges (otros a Arlt, otros a Cortázar y otros a nadie), siento que en ellos la apuesta estética es una apuesta política. Herederos del lenguaje mediático, de la banalidad menemista y de los chocolatines Jack, intentan hacer su propio caminito despegándose de las sombras tan presentes de los escritores antepasados, los del boom latinoamericano y los de la literatura comprometida.

En esta sociedad que vive a destiempo intentando asumir ahora lo que debió asumir antes, quizá lo que más choca de este libro es que para hablar de los “exilios económicos” de los noventa –como dice uno los autores, Juan Terranova, en una crítica al libro Dónde estás con tus ojos celestes, del exiliado Daniel Moyano- necesitan ciertas veces negar a sus padres intelectuales y a sus sombras, sobre las cuales se discute tanto actualmente que no se puede ver el bosque, aún a pesar de que si bien el exilio de hoy se diferencia por ser económico, éste no es más que un terrible derivado de los exilios políticos en los setenta.

Se trata de un choque doloroso que se nota mucho en autores como Washington Cucurto y que deja abierta una posta a los que nacieron en los ochenta, los más nenes. Extranjeros en la Argentina y argentinos en el extranjero son los protagonistas post 2001 que recalan en la mayoría de los cuentos de estos jóvenes que tienen un lenguaje irreverente e intenciones de patear el tablero, burlándose de cualquier hipocresía, buscando una identidad propia en las técnicas tradicionales –seis autores son alumnos del taller de Diego Paszkowski- hablando de los nuevos exilios, los nuevos desencantos y alguna que otra luz de esperanza, más cercana al amor de los hijos que a las revoluciones.


Autores: Florencia Abbate, Gisela Antonuccio, Hernán Arias, Gabriela Bejerman, Oliverio Coelho, Washington Cucurto, Romina Doval, Mariana Enriquez, Federico Falco, Gonzalo Garcés, Diego Grillo Truba, Germán Maggiori, Pedro Mairal, Maximiliano Matayoshi, Alejandro Parisi, Patricio Pron, Samantha Schweblin, Juan Terranova, Pablo Toledo y Gabriel Vommaro

2 comentarios:

Demorgan dijo...

El recuerdo profundo de un sueño más sueño que otra cosa. El recuerdo sombrío de los campos brumosos. Gris. El recuerdo humedecido de tus ojos cerrados. Duros e impenetrables. Gris de lluvia y frío. El recuerdo del amanecer cuando no hay nada que amanecer. Tu recuerdo. La vigilia insevible con dolor de cabeza. Lejos, muy lejos, tejerás nuestra historia de futuros inciertos.
O no.
Todo depende.

Anónimo dijo...

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