Ya casi veo lejano en algún jirón de la memoria, aquella ida en el 2004 a las tierras envinadas de Chile. Iba por otro designio de la sangre. El pez nerudiano soplaba sobre mis velas y lento desde Panamá, navegué con el aire hasta Santiago. Cuatro años después se repitió la travesía. Del 7 al 12 de octubre de este 2008 tuve la oportunidad de participar del Encuentro de Poetas Poquita Fe que se dio en la capital chilena. Asistieron a la convocatoria poetas de México, Guatemala, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina, Perú entre otros. El objetivo primordial era conocer lo que se está escribiendo actualmente en cuanto a poesía, las estéticas y propuestas, los proyectos editoriales y obviamente el contacto humano entre los poetas.
NICANOR PARRA- Después que hubo terminado el encuentro le propuse a la poeta mexicana Estrella del Valle que me acompañase en la aventura de tomar un bus y llegar a aquel lugar llamado Las Cruces, a ver si teníamos el privilegio de conocer al poeta Nicanor Parra. Llegamos a nuestra parada final y fuimos preguntando hasta dar con la casa del autor de Poemas y Antipoemas (libro el cual me dedicó: a Javier Alvarado de Panamá. Atte. Nicanor Parra & gracias por aparecer en las +++). La casa era de un color azul tenue y mirábamos a todas partes hasta que salió de una casa vecina una joven rubia a la cual le preguntamos por la casa del poeta. Nos preguntó:
¿Tienen cita? ¿Llamaron antes? Respondimos que no a sus interrogantes y procedió a que le indicáramos de donde veníamos. México y Panamá fue la respuesta.

Casa de Nicanor Parra en Las Cruces Minutos después la joven sale y le preguntamos.
¿Qué dijo? Nos dice:
Ahí viene a saludarlos. El impacto fue tremendo de ver al poeta, de gran estatura, encanecido y al vernos empezó a decir:
Diles que no me maten!, Nos han dado la Tierra. ¿De quien es eso? Pues de Juan Rulfo!!! Le debo a México y a Rulfo esta mi casa que me compré con el premio. (Parra habla en un tono cantarino en ocasiones) Nos indagó sobre nuestra nacionalidad y a qué habíamos ido a Chile. Le hablamos del encuentro y de nuestro deseo de ir hasta Las Cruces a conocerlo. Nos presentó a una joven llamada Denise, estudiante de Literatura; luego nos miró fijamente a Estrella y a mí y nos dice:
Pasen a mi casa, pero sólo por cinco minutos (Lo cual no fue cierto, pues la tertulia se extendió)
Al ingresar pudimos observar en el suelo numerosas máquinas de escribir antiguas y una estatua de mármol, la cual tenía a sus pies la siguiente inscripción. SOY FRÍGIDA Y SÓLO ME MUEVO CON FINES DE LUCRO. Al sentarnos, Parra empezó a recitar:
Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje. ¿De quién es eso?. Estrella y yo contestamos: De Enrique González Martínez. Luego mirándome me inquirió sobre lo que hacía y le regalé dos de mis libros y me relató que en un año que no recordaba viajó a Panamá y que en el hotel donde estaba, un individuo se anunció para hacerle una entrevista y todas las preguntas resultaron ser políticas y que al terminar, el individuo le dijo:
Ven, Parra, dame un abrazo. Yo venía a matarte. Parra me dijo entonces que en Panamá, sus amigos planearon matarlo. Yo obviamente, apenado, me disculpé y él se echó a reír. Después nos contó como en Venezuela salió huyendo del aeropuerto de Caracas y luego como Fidel Castro (después que lo invitó a ser jurado del premio Casa de las Américas) lo declaró non grato en Cuba, éstas dos experiencias políticas, por no pertenecer a la Izquierda. Al rato nos relató sobre una cena que les ofreció la primera dama Nixon en la Casa Blanca y en la cual estuvieron Joseph Brodsky, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, entre otros. Yo procedí a interrogarlo:
_Usted conoció a Allen Ginsberg? Es cierto que él afirmaba que Los Gemidos de Pablo de Rokha lo influyó para escribir Aullido?_Si lo conocí. Me pidió que lo llevara donde De Rokha. Le pedí que se comportara pues Pablo no veía de buen agrado a los homosexuales. Ginsberg tenía como costumbre que cuando un hombre le gustaba lo sobaba con las piernas. (Risas) Para sorpresa mía lo atendió por dos horas. Y sí él afirmaba eso de Los Gemidos…(Pausa) Saben algo… estaba leyendo e investigando sobre Carlos Pezoa Véliz, el del poema NADA. Era un pobre diablo… (Parra lo recita de memoria). En cierta ocasión, Pablito Neruda me dijo: Parra, ni tu ni yo seremos los poetas más grandes de Chile, sino Pezoa Véliz. (Se queda meditando) He estado leyendo y encontré que Augusto d`Halmar, nuestro primer Premio Nacional de Literatura que era homosexual, le escribió cartas de amor a Pezoa Véliz. Eso quiere decir que el más grande poeta de Chile es gay!! (Risas. Empieza a enseñarnos la portada de un libro de poemas de Pezoa Véliz con un retrato suyo) ¡Qué impecable era, la ropa, la corbatita, todo! Para ustedes que están jovencitos eso no es nada, pero para este viejo de noventa y cuatro años: Si lo es!! (Risas)
_Pero también se han dicho cosas de la Mistral con Doris Danna… _Eso es una historia muy vieja en Chile. Pero pienso que ajeno a todo eso el poeta debe de cachar la guea como Pezoa Véliz. Saben quien era otro que cachaba la guea? ¡Ya viene el cortejo!..(Empieza a recitar la Marcha Triunfal) Pues Darío… Claro que cachaba la guea o no? (Parra le pide a la estudiante de Literatura que nos traigan té y luego procede a partir en pequeños pedazos una gran barra de chocolate y nos reparte a todos).
Luego nos dice que le hubiera gustado invitarnos a almorzar, que quiere tomar un reposo. Entendemos que ya es hora de marcharnos. Yo le extendí una edición de sus Poemas y Antipoemas, la cual me dedica; a Estrella le escribe una dedicatoria a propósito de un comentario sobre los traductores que a veces trasladan algo que nunca el poeta quiso decir en realidad y anotó la siguiente frase.
CHISTES DE LOS TRADUCTORES A EXPENSAS DEL AUTOR. Parra nos dijo que él pensaba que lo más valioso para él eran sus Artefactos y que éstos eran precursores de algunas de las cosas que se hacen ahora, como poemas con imágenes y demás. Como todo antipoeta Parra es antifoto, no quiso fotografiarse, pero nos condujo hasta el umbral de su casa y allí a Estrella y a mi, tomándonos a cada lado nos dio un gran abrazo de despedida, estrechándonos con la fuerza de un Caupolicán sosteniendo al tronco. Nos dirigimos a Santiago luego de haber tenido la poética y antipoética experiencia de conversar con Parra junto al mar Pacífico, en Las Cruces.
En Las CrucesGONZALO ROJAS- Posteriormente pasé la última noche en el Hostal Forestal y al día siguiente tomé un autobús que me llevaría hasta Concepción, a la estación de Talcahuano. Allí me recogió el exembajador de Chile en Panamá, don Jaime Rocha Manrique, el cual luego de que hubimos abordado su carro me dijo con gran entusiasmo:
_Mañana para ti será un gran día. Gonzalo Rojas nos recibe para que almorcemos con él.
Su amistad con Gonzalo Rojas les viene desde la infancia, ambos son natales de Lebu. Durante esa noche casi no pude conciliar el sueño pues conocer a Rojas era para mi una de las grandes experiencias que le pedía a la vida. Muy de mañana después del desayuno, llegó a la casa un señor de nombre Mario, amigo de la familia Rocha, el cual nos llevaría hasta Chillán. El trayecto es de una hora y pico más o menos. Cuando llegamos el corazón se me estremecía en la caja toráxica. El exembajador llamó a Irmita para que nos viniera a abrir la puerta. Una menuda mujer que lucía un suéter color turquesa con un delantal nos abrió. Nos hizo pasar a la casa y esperamos en un vestíbulo. Yo empecé a ver algunos adornos, unas molas panameñas fabricadas por los indígenas kunas, un retrato de la Mistral, entre otras cosas. Luego, desde el fondo de la casa escuché la anhelada voz:
Ya voy, ya termino de arreglarme. En unos minutos estuvo ante mi y ante el matrimonio Rocha, Gonzalo Rojas que lucía un saco negro y su gorro de marinero.
Gonzalo Rojas viendo la bandera de Panamá
Don Jaime procedió a presentarnos y Rojas nos condujo hasta una parte de su biblioteca muy al fondo de la casa. Ahí pude ver muchos libros, entre ellos varios de Ezra Pound y uno de la poeta norteamericana Sharon Olds. . Don Jaime le dijo que había ido a Chile por el Poquita Fe y que hacía dos días había estado con Nicanor Parra Yo procedí luego a levantarme y le obsequié a Rojas un libro mío dedicado a él y una bandera de Panamá, la cual desdobló con gran interés. Mirándome me dijo:
Ven, mi niño lindo, te voy a enseñar mi casa.
Me condujo a un dormitorio y me dice:
Aquí duerme el Rojas pues. Había una cama doble, un televisor y varios artículos de uso personal. Luego me lleva a lo que él ha denominado “El Torreón del Renegado”, una gran torre con escalera de caracol donde suele ver al pueblo de Chillán con una pequeña mesita donde escribe. Procedimos a entrar posteriormente en un pequeño dormitorio donde había un gran retrato de Greta Garbo. Pasamos entonces a otra parte de la casa donde me enseñó la famosa cama china del poema CAMA CON ESPEJOS: (Ese mandarín hizo de todo en esta cama con espejos…), al lado de ésta una pintura de una mujer desnuda, en otra pequeña sala, varios libros, al frente de estos dos cuartos una gran sala de estar o de recibimiento.
Torreón del Renegado