jueves, 24 de abril de 2008

para comerme la tiza con esta sonrisa tuve que sostener mis ojos. y sólo entonces, los cazadores de la madrugada, se abatieron sobre un campo de mariposas. y sólo entonces, ellas, sometidas al humo de los arcabuces, inaladas, acabaron por una buena causa en el mismo instante en el que hubieran nacido los capullos

domingo, 13 de abril de 2008

un poema de Marina Tsvetaeva traducido por Roberto Echavarren

Amiga

¿Es usted feliz? Me dirá: “Lo dudo.
Mejor olvidarse.”
Usted demasiado a muchos besó.
De ahí viene su tristeza.
Veo en usted a todas las heroínas
de las tragedias shakesperianas.
Y a usted, joven trágica lady
nadie la salvó.
Mucho la cansa
repetir el recitativo amoroso.
Ese tábano rojo de metal
le horada la mano sin sangre.
La amo a usted
como a una nube de tormenta…
Pero usted, cáustica, quema
más que cualquiera, usted es
mi demonio de frente abovedada.
Por eso le digo: “Perdone”.
Aunque me sacrificara sobre su tumba
sería inútil: a usted nadie la puede salvar.
¿Por qué siento escalofríos?
¿Acaso estoy dormida?
Sueño con esta maravilla irónica
que es usted – y no es él.

Marina Ivánovna Tsvetáyeva. Poeta rusa (26 de septiembre de 1894 - 31 de agosto de 1941) que debió exiliarse en Praga y en Francia después de la revolución rusa. Vuelve a la Unión Soviética para reunirse con su marido Serguéi Efrón y con su hija, en 1939. Se suicida en 1941.

Deja una obra viva, fuerte, intransigente que fue salvada de la destrucción y del olvido por su hija Ariadna Efrón.

En la Unión Soviética permaneció casi inédita hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando comenzó a ser conocida a través de hojas clandestinas.

Fuente bio: es.wikipedia.org

lunes, 7 de abril de 2008

VIENTRE DE PAJARO



Performance: José Manuel Barrios y Alotrópico.
Música: Neshel, con una mano de Raúl Núñez, Gonzalo y Alejandro Keller.
Versión editada. 2007. Facultad de Siciología, Montevideo, Uruguay.

sábado, 5 de abril de 2008

INSTANTES

Él vuela en ocasiones y su palabra ocasiona tempestades donde yo, Ensines, soy rehecha toda sólo pezones y clítoris hinchados destellando rayos amarillos, soy toda corcoveándome rehecha por entre las leves hendiduras, destellando rayos amarillos, lenguas y hojas secas amarillas que se aplastan contra la humedad lechosa de los ríos subterráneos, rehaciéndose a polvo donde es observada la oscuridad de la nada. Viven un día de vértigo y de vida física, como las ondinas y las mariposas, luego esparcen las estelas de los siglos de los siglos mientras se alzan hacia vidas metafísicas por donde retozan esos centauros que entrometen sus pezuñas por donde nadie más nunca más se mete más. Esto es así, desde siempre, desde cuando la varita de Teodoro –el que domina los cielos adorado desde lejos- despertó de su hibernación y devoró a las lombrices carnívoras de la medusaria.